jueves, 6 de marzo de 2008

Opinion: Milicos Frustrados

“Los paintballeros son todos unos milicos frustrados” dijo la señora de ruleros mientras barría la vereda. Excelente madre, la señora. Ama de casa ejemplar que hace de la cocina un arte y que cumple su rol con acabada eficiencia.
Pero, caramba, la señora no conoce a ningún militar, ni a ningún jugador de paintball. Tiene la desgracia, como la tenemos todos, de vivir en un país (y no es el único) en el cual la prensa amarillista tiene demasiada credibilidad en el común de la población.
Claro que tampoco es cuestión de rechazar una afirmación así, porque sí. Vamos a suponer, por un momento, que la “frustración militar” de los jugadores de PB es cierta, a ver qué pasa.
Es verdad que a los recballeros les gusta hacerse la película e imaginarse que son “Rambo”. ¿Eso significa que son “Rambos frustrados” o no es más que un juego, como cualquier otro?
Pero… ¿Qué es la frustración? Según Vinacke, W.E., 1972, frustración “significa bloqueo de una persona en su camino hacia la meta ... es un sentimiento de fastidio, desamparo, ira u otro estado debido a la incapacidad de lograr una meta”.
En otras palabras, se trata una insatisfacción por no haber logrado lo que se deseaba y buscar entonces substitutos que tampoco satisfacen.
O sea que, al parecer, es cierto: Una persona que quisiera ser militar pero por algún motivo no lo lograra se inclinaría a jugar PB para vencer su insatisfacción, pero no lo lograría. ¿Es así?
Bueno… da la sensación de que sí… en ese caso puntual. ¿Todos los casos son así? Porque, recordemos, la afirmación es que “todos” los paintballeros son milicos frustrados.
Veamos: ¿Qué reacción puede tener alguien ante la frustración? El investigador Dollard, 1939, defendió la tesis de una relación invariable entre frustración y agresión, considerando que todo hecho frustrante provocaba respuestas agresivas. Sin embargo, pronto reconoció que podían existir distintos modos de reaccionar.
Miller, N.E., 1941; Maier, N.R., 1961; entre otros, apoyaron la idea de que la única reacción a la frustración no era únicamente la agresión. Se basaban en el fenómeno al que Lewin denominó “saliendo del campo”, según el cual “...la frustración puede inhibir la acción de respuesta” y provocar en el sujeto una variante alternativa que busque la conciliación con el medio. (Dobss, L. W., Sears, R.R., 1939).
Es decir, que el “frustrado” puede tener varias actitudes. Una de ellas, positiva, es resignarse a no alcanzar su objetivo y buscar otros que sí lo satisfagan, y además con alegría, resignación y “sabiduría”, si es que tal cosa existe.
Muy bien… entonces no todos los “milicos frustrados” se lanzarían a jugar PB como forma insatisfactoria de vencer su frustración. Alguno habrá que busque otro camino.
Pero sigue sin respuesta la pregunta. ¿Los que sí se lanzan a jugar PB son todos milicos frustrados?
Tuvimos la oportunidad de consultar con algunos paintballeros que, casualmente, siguen la carrera militar. “Soldadonacional” (así su nick en los foros) es Sargento de Infantería del Ejército Argentino. Él nos cuenta que juega desde hace 2 años en el equipo Topos, y que en el PB encuentra algunas cosas en común con su actividad militar que son la parte “más linda”, como el trabajo en equipo, la astucia, la planificación, etc.
Pero también se apresura en aclarar que, más allá de eso, no tiene ningún otro contacto con lo militar. Sí es cierto que algunas unidades utilizan marcadoras para entrenamientos, pues con la munición de fogueo “no sabemos si pegamos”. En sus palabras: “no es lo mismo jugar 3 ó 4 horas que estar 3 ó 4 semanas de maniobras en la base baterías donde pasan días sin bañarte, donde las operaciones son de 24 hs, o sea día y noche se combate, con hambre, sed, etc., es muy diferente lo que se vive a lo que es la realidad”.
También nos comentó Carlos María Moyano, egresado del Liceo Naval en 1994 y Guardiamarina de reserva, quien juega hace 5 años y es capitán del equipo F.O.C.A.S., que “siempre me gusto todo lo bélico y nada se compara con la emoción de disparar y que te disparen y todavía mejor si podés aprender de tus errores y irte con el eno (léase “enemigo”) a tomar unas birras después”. Lo que dice Carlos es que disfruta del PB, precisamente, porque no es como un combate. Que lo que disfruta de esto es que después puede irse a “tomar una birras con el enemigo” y que, si lo impactan, puede aprender de sus errores y volver.
Además es explícito al decir “no encuentro similitudes (con el combate real) excepto en lo referente (a que) no hay tiempo para vacilaciones y lo que se ordena se hace”. Como en casi cualquier deporte de equipo, podríamos agregar.
Carlos dice también que, en su opinión, todo “macho alfa” tiene la fantasía de disparar y que le disparen, para probar su superioridad ante otros. Claro que sí, pero de ahí a que esa fantasía se convierta en algo patológico y “no sano” hay mucho camino. Como él mismo dice: “de ahí a confundir el PB como una diversión y tomarlo como algo serio hay un laaargo trecho. Yo juego porque me divierto, cuando no me divierta no lo haré más”.
Al parecer, más allá de algunos puntos de contacto, queda claro que el combate real poco y nada se parece a un juego de recball. Para empezar, es imposible simular, en un juego donde todos se divierten, la angustia, la tensión y el terror que puede sentir hasta el más curtido soldado durante una situación en la cual puede perder la vida a cada instante.
Como dijo Lionel Atwill, participante del primero juego comercial de PB en el mundo, autor de “The Official Survival Game Manual” y veterano de Vietnam: “La guerra es la forma más antinatural de morir. En la guerra la gente se dispara y llora. Aquí (jugando PB) nos disparamos y reímos”.
¿Conclusiones? Parecen obvias. Primero: el recball no tiene nada que ver con la guerra “real”. Segundo: hay militares que juegan PB porque buscan divertirse, con lo cual es claro que al menos ellos no son “milicos frustrados”, pues son militares de carrera. Y, de aquellos que no somos militares, muchos (como yo) no pretendemos serlo y rogamos al cielo que nunca jamás nos veamos en una situación de combate. Ni de lejos.
Y además los “milicos frustrados” -que debe haber por ahí, no lo dudo- pueden tener variadas reacciones ante su frustración. Tal vez algún porcentaje de ellos se incline, como reacción, por jugar PB.
A ver, entonces. Tenemos que un porcentaje indeterminado de “milicos frustrados” que tienen reacciones negativas de reemplazo de la actividad militar, que no alcanzaron, por alguna otra también insatisfactoria y, dentro de esa cantidad, habrá algunos que para eso vayan a jugar PB, pero estos ya de por sí serán una cantidad baja dentro de los jugadores de PB. Un número pequeño dentro de otro número pequeño.
No tengo datos estadísticos, pero da la sensación de que, probablemente, sean muy pocos. Alguno habrá, pero será la excepción.
Y vamos… yo juego recball desde hace 8 años y conozco muy pocos que caigan en tal descripción. Los hay, pero son pocos.
Señores, mi veredicto: El que juega PB, en general, lo juega porque le gusta. Yo no me hice abogado porque fuera malo en matemática (como alguna vez me sugirió algún personaje) si no porque me gustaba la abogacía.
La señora de ruleros haría bien en venir a tirar pintura, comerse un buen asado, y descubrir que cuando jugamos PB, por suerte, dejamos las frustraciones en casa por un rato.

Javier “MP5” Ulrich





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